La Diócesis presente junto a su pastor en la Santa Misa funeral de su padre D. José Rico Irles


19 septiembre, 2022

Esta mañana la Parroquia de Santa María de Gracia de Granada ha acogido la Santa Misa funeral de D. José Rico Irles, padre de Monseñor José Rico Pavés.

En la jornada de hoy a las 11hrs, la Parroquia de Santa María de Gracia de Granada ha acogido la Santa Misa Funeral de D. José Rico Irles, padre de D. José Rico Pavés, Obispo de la Iglesia Asidonense. Esta celebración en la que desde la intimidad y el recogimiento se ha orado por el eterno descanso del padre de Monseñor Rico Pavés, ha contado con la presencia de Monseñor José Ángel Saiz, Arzobispo de la Archidiócesis de Sevilla, Monseñor Francisco Javier Martínez, Arzobispo de la Archidiócesis de Granada, Monseñor Ginés Ramón García, Obispo de la Diócesis de Getafe y Monseñor Francisco Jesús Orozco, Obispo de la Diócesis de Guadix.

Homilía de Mons. Rico Pavés

Por otro lado, destacar que han querido acompañar al prelado Asidonense sacerdotes de las Archidiócesis de Toledo, Getafe entre otras Diócesis, haciendo énfasis en Asidonia-Jerez con la presencia de los Vicarios Episcopales de la nueva estructura de la curia diocesana, D. Ignacio Gaztelu, D. Miguel Ángel Montero, D. David Belmonte y D. Federico Mantaras como, Vicario General actual, acompañados de otros sacerdotes y diácono diocesano.

Aquí puedes leer la homilía completa de Mons. Rico Pavés

Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde (Jn 14, 27)

Querido don Javier, arzobispo de Granada; querido don José Ángel, arzobispo de Sevilla; querido don Francisco, obispo de Guadix-Baza, querido don Ginés, obispo de Getafe.

Queridos hermanos sacerdotes de Granada, Toledo, Getafe y Jerez.

Queridísima familia y amigos de mi padre.

Hermanas y hermanos todos en el Señor.

Refiere el evangelista san Juan que Jesús entiende y se dirige a la muerte como una ofrenda y testimonio de amor al Padre: es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre (Jn 14, 31). La expresión más repugnante e ignominiosa de la muerte, la muerte en cruz, es vivida por Jesucristo como una manifestación de amor. Para los que viven en el Señor, la muerte puede ser vivida como experiencia de amor.

Esta es la vivencia gozosa que estamos llamados a hacer nuestra al celebrar la Santa Misa junto al cuerpo sin vida de mi padre. Cuando vino la ambulancia para llevar a mi padre al hospital acababa de rezar la liturgia de las horas. En los últimos años, dos eran sus únicas preocupaciones: mantener el trato con el Señor mediante la oración litúrgica de la Iglesia y la comunión diaria, y cuidar a su esposa, en la medida que sus fuerzas se lo permitían.

Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde (Jn 14, 27). Sabe el Señor que el corazón humano, moldeado imagen del suyo, tiembla ante la muerte, especialmente ante la muerte de los familiares y personas más queridas. Resuenen en esta mañana las palabras de Nuestro Señor Jesucristo y de la predicación apostólica, para descansar en la seguridad dichosa de la fe. Permitidme que convierta estas palabras en una oración.

Nos pide san Pablo que no nos aflijamos como los que no tienen esperanza (cf. 1 Tes 4, 13-18). Te pedimos, Señor, que llenes de esperanza nuestra aflicción, para que al confesar a Cristo Resucitado nos anime la certeza de que al morir nos llevas con Él. Enséñanos, Padre, a seguir amando a nuestro padre en tu Hijo, para que nuestro amor, hecho oración confiada, lo purifique si aún lo necesita y podamos gozar de su intercesión. Con el don del Espíritu Santo, afianza nuestra vida en el Redentor para que sigamos gozando de la compañía de quienes están para siempre con el Señor.

Pastor Bueno, lleva sobre tus hombros a quien siempre puso en Ti su confianza (cf. Sal 22). A nosotros, que aún peregrinamos, ayúdanos a sobrellevar el quedarnos solos de él, para que contigo experimentemos que nada nos falta. Conduce a verdes praderas a quien reconoció tu mano amorosa en la Creación; otorga el descanso a quien trabajó sin tregua en tu Iglesia.  

Señor Jesús, que nos pides creer en Ti y en el Padre:porque nos has prometido que volverás y nos llevarás contigo (cf. Jn 14, 3), sabemos que la muerte no es algo que pasa, sino una Persona que viene. Acoge en tu morada, a quien se dejó llenar de tu amor y regaló su vida para que otros te conociéramos y te amáramos. 

Virgen Santísima de la Asunción, que recibías a diario el beso de este hijo tuyo que te amaba, abrázalo, llévalo al seno de la Trinidad Santa; que en su amor encuentre de nuevo a sus padres, familiares y amigos. 

Descansa en paz, hijo orgulloso de su Elche, tierra natal; devoto fiel del Santísimo Cristo de Zalamea y de la Virgen de la Asunción.

Descansa en paz, hijo y hermano, esposo fiel hasta la muerte, padre, tío, abuelo y bisabuelo de una familia que te admira y te querrá eternamente.

Descansa en paz, médico entregado que veía a Cristo en los enfermos y se desgastaba por su cuidado.

Descansa en paz, apóstol de Cristo, transmisor de la fe, seglar comprometido.

Gracias Padre Santo, por regalarnos un padre que nos ha enseñado a reconocer tu amor eterno. Gracias Hijo eterno del Padre, por sostener a nuestro padre en su entrega diaria. Gracias Espíritu Santo por guiarlo en este mundo hasta la patria eterna.

Virgen Santa de la Asunción, ruega por tu hijo José.

¡Nada sin María, Todo con Ella!

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

ASIDONIA

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