SEMBRADORES DE ESPERANZA

SEMBRADORES DE ESPERANZA


25 marzo, 2020

Nota complementaria de los Obispos de la Subcomisión E. Familia y defensa de la Vida

Jornada por la Vida 25 de marzo de 2020

El   lema   de   este   año   de   la   Jornada   por   la   vida   es   “Sembradores   de Esperanza”, siguiendo de esta forma el documento que hicimos público el pasado mes  de  diciembre:  “Sembradores  de  Esperanza.  Acoger,  proteger  y  acompañar en  la  etapa  final  de  la  vida”.  El  objetivo  del  mismo  era  ofrecer  una  mirada esperanzada  sobre  los  momentos  que  clausuran  nuestra  etapa  vital  en  la  tierra, ayudar con sencillez a buscar el sentido del sufrimiento, acompañar y reconfortar al enfermo en la etapa última de su vida terrenal, llenar de esperanza el momento de la muerte, acoger y sostener a su familia y seres queridos e iluminar la tarea de los profesionales de la salud.

Teniendo  presente  la  actualidad  del  mismo  y  ante  la  situación  provocada  por  el coronavirus, la celebración de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo tendrá este  año  una  motivación  especial.  Nuestro  Dios,  ante  el  dolor  que  sentimos todos, la incertidumbre ante la posible muerte de muchas personas, la inseguridad al   ver   lo   vulnerables   que   somos   como   personas   y   sociedad, quiere   aún   hoy enviarnos al Ángel Gabriel para darnos una  palabra de esperanza a nosotros que estamos sometidos  a  la realidad  de  la muerte y  de  la precariedad,  quizás  con un sentimiento  de  tristeza,  soledad  y  angustia.  El  ángel  nos  dice  como  a  María “alégrate el Señor está contigo”. Hay una razón para no perder la alegría profunda y la esperanza: “El Señor está contigo”.

El Señor sigue estando entre nosotros y en este tiempo nos sigue llamando a vivir como  creyentes.  En  días  de  dolor,  muerte  y  miedo  como  éstos,  los  cristianos debemos  recordar  que  estamos  en  las  manos  de  un  Dios  que  es  Padre  capaz  de sacar cosas buenas también de lo peor e, incluso, del mal objetivo. En las actuales circunstancias,  los  cristianos  debemos  seguir  siendo  en  nuestro  entorno  –con

nuestra palabra y ejemplo- sembradores de esperanza, paz y alegría.

Como ha dicho el Papa Francisco el pasado 8 de marzo, debemos vivir esta crisis sanitaria y humana “con la fuerza de la fe, la certeza de la esperanza y el fervor de la  caridad”.  En  la  Jornada  por  la  Vida,  todos,  como  Cuerpo  de  Cristo,  somos invitados a ser sembradores de esperanza.

Las  familias  estáis  invitadas  a  ser  sembradoras  de  esperanza,  construyendo  y viviendo la Iglesia doméstica.  Ahora, con el confinamiento, podemos vivir a fondo ese misterio y tal vez sea una oportunidad de recuperarlo en toda su grandeza. La Iglesia está en casa, en el  hogar, en la familia y ahora más que nunca es “Iglesia Doméstica”.  De  un  modo  especial  en  estos  días  podemos  aprender  a  descubrir  a Dios  en  cada  hogar,  y  darnos  cuenta  de  que  juntos  formamos  ese  Sacramento precioso  que  es  la  Iglesia  y,  mientras  haya  quien  rece  en  nombre  de  Jesús,  la Iglesia está ahí y Dios en ella.

Es  momento  de  orar  juntos,  de  esforzarnos  y  hacer  sacrificios  que,  ofrecidos  a Dios, serán una penitencia saludable. Es momento de cuidarnos unos a otros y de practicar la misericordia (empezando por esa maravillosa obra de misericordia que nos llama a “sufrir con paciencia los defectos del prójimo”) dentro de la familia y con los más cercanos.

Es tiempo de poner en el centro de nuestra casa la liturgia de la Iglesia Doméstica. Es una maravillosa oportunidad animaros a todos a recuperar costumbres que el mundo  ajetreado  actual  nos  ha  robado:  el  Rosario  en  familia,  hacer  juntos  una oración en la mañana, el Ángelus a mediodía, la oración antes de dormir. Hay una oración  maravillosa  a  la  Virgen  que  el  Papa  ha  compuesto  para  pedirle  que  nos libre de este mal y que debemos hacer juntos todos los días.

En la liturgia de la Iglesia Doméstica las televisiones, radios y plataformas digitales, pueden ser una ayuda que, aunque no podrán nunca sustituir la riqueza del  encuentro  personal  con  el  Señor,  sí  son  medios  que  nos  pueden  servir  para sostener nuestra fe. Y, sobre todo, no olvidaros que toda la vida contemplativa de la  Iglesia  se  une  a  vosotros  sembrando  esperanza  y  os  acompañan  en  la  oración desde la vida oculta de Nazaret.

En  esta  Jornada  por  la  vida  también  son  sembradores  de  esperanza  los sacerdotes disponibles a atender las necesidades espirituales de los que se lo pidan

y  lo  necesiten.  El  sacerdote  es  sembrador  de  esperanza  estando  al  servicio  de todos, como aquellos  que tienen que seguir  saliendo  a trabajar  incluso sufriendo riesgos. El sacerdote, al igual que Jesucristo, no puede retirarse, ni esconderse ante la  cruz,  sino  que  manifiesta  a  la  sociedad  que  la  Iglesia  también  sale  con  ellos favoreciendo  la  vida.  Especialmente  elevan  un  canto  a  la  Vida  en  mayúsculas mediante los sacramentos, especialmente a través de la unción de enfermos, de la penitencia,  así  como  de  la  eucaristía,  aún  celebrada  en  la  soledad.  Ellos  nos actualizan las palabras que Jesús nos dejó como testamento “Me ha sido dado todo poder  en  el  cielo  y  en  la  tierra.  Id,  pues,  y  haced  discípulos  a  todas  las  gentes bautizándolas   en   el   nombre   del   Padre   y   del   Hijo   y   del   Espíritu   Santo,   y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 19-20).

El  amor  a  la  vida  la  manifiestan  aquellos  sembradores  de  esperanza  que siguen  llevando  la  caridad  a  los  más  necesitados.  Los  agentes  de  pastoral  de  la salud continúan con su labor pastoral, pues no podemos estar lejos de los ancianos ni   de   los   enfermos.   Los   visitadores   de   enfermos   saben   que   en   las   actuales circunstancias  no es  prudente hacer sus visitas, pero quedarse  en  casa  no quiere decir olvidarlos, sino que los acompañan en la distancia, por teléfono o por otros medios para ofrecerles ayuda continuamente.

Un “sí a la vida” lo dicen aquellos miembros de la Iglesia, especialmente los religiosos   y   religiosas   y   tantas   personas   que   siguen   manteniendo   la   acción caritativa:  los  comedores  sociales,  los  centros  de  acogida  para  los  “sin  techo”,  la pastoral  penitenciaria,  los  voluntarios  y  trabajadores  de  Cáritas  y  todos  aquellos que  siguen  abriendo  las  puertas  cada  día  para  atender  a  los  más  desfavorecidos, que   nos   recuerdan   estos   días   que   lo   poco   es   un   privilegio,   quizás     porque simplemente sea lo necesario. Ellos hacen posible que no se queden  desasistidos durante el confinamiento “los de siempre”, como unos descartados, sino  que hay una   Iglesia   que   tiene   cuidado   de   que   nadie   se   quede   fuera,   abandonado   y descontado de la lista de los hermanos.

En esta Jornada de la vida tenemos que tener muy presente, de manera muy especial,  a  todo  el  personal  sanitario,  que  está  sembrando  la  esperanza  con  su entrega  y  buen  hacer.  La  pandemia  está  mostrando  que  la  relación  médico- enfermo no puede regirse por una relación  mercantilista en la que el paciente es considerado   como   un   mero   consumidor,   sino   que   la   medicina   se   humaniza

ejerciendo una relación interpersonal dentro de unos valores enraizados en la ética hipocrática,  que  nos  habla  de  una  profesión  regida  por  un  altruismo  y  un  cierto sacrificio personal.

En esta Jornada os alentamos a seguir sembrando la esperanza, practicando una   medicina   humanitaria   capaz   de   defender   la   vida   de   los   más   débiles acogiéndolos,  protegiéndolos  y  acompañándolos  en  su  enfermedad,  aún  con  el riesgo de vuestras vidas. Pedimos al Señor que os ayude a discernir el uso de los medios sanitarios buscando, como siempre nos ha recomendado la ética médica, la mayor probabilidad de curación, que se verá en función de la gravedad del enfermo y no en función de su futura productividad.

Por  último,  pedimos  al  Señor  por  todos  aquellos  sacerdotes,  diáconos, voluntarios, personal sanitario, miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado y trabajadores  y  servidores  públicos  que  han  sido  contagiados  y  han  dado  su  vida por  ayudar  a  los  demás.  Todos  vosotros  sois  los  grandes  sembradores  de  la Esperanza Cristiana que nos habla de un cielo nuevo y una tierra nueva donde no exista el llanto, el luto ni el dolor y nos alienta a renovar nuestra confianza en Dios y   recordar  una  y  otra  vez  que  el  sentido  de  nuestra  vida  es  la  esperanza  en  su salvación.

Sin  dejar  de  cumplir  con  todos  los  deberes  y  cuidados  que  nos  exige  la situación,  no  debemos  olvidar  que  existe  un  Dios  que  cuida  de  nosotros.  Como creyentes volvamos ahora nuestra mirada a nuestro Padre bueno para pedirle por los enfermos, por los que los cuidan, por los que han muerto a causa de este virus, por las personas en riesgo y quienes más van a sufrir las consecuencias económicas de  esta  crisis  que  nos  amenaza.  Recemos,  como  cristianos,  para  implorar  a  Dios que nos libre de este mal y por intercesión de la Virgen María, en la festividad de la Anunciación, nos conceda la salud para que podamos vivir según su voluntad.

  Mons.   D.   José   Mazuelos   Pérez,   obispo   de   Asidonia-Jerez, Presidente  de  la  Subcomisión  E.  para  la  familia  y  defensa  de  la vida.

Mons. D. Francisco Gil Hellín, arzobispo emérito de Burgos

Mons. D. Juan Antonio Reig Plá, obispo de Alcalá de Henares

Mons. D. Santos Montoya, obispo auxiliar de Madrid

Mons. D. Ángel Pérez-Pueyo, obispo de Barbastro-Monzón

ASIDONIA

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